Texto:Carmen
Gloria Calero
La
pintura es un lenguaje visual. Las palabras sobran y faltan para hablar
de arte. Sin embargo, Loly lñiguez sabe explicar, con frases
precisas, lo que hace con los pinceles, con los lienzos o con los papeles:
«El artista es su propio modelo, no puede ser de otra manera»,
«se contempla a sí mismo». De ahí la elección
del collage como la construcción propia de ella misma: una obra
plástica de reflexión profunda, segmentada pero unitaria.
Para
Loly lñiguez el momento auténtico del pintor está
en el acto de pintar. Por eso acude a Veermer, a Dalí y a Velázquez,
en esos instantes íntimos y geniales; y los observa con meticuloso
análisis: «El tiempo está detenido en una escena
cotidiana, en el silencio del estudio»: un lienzo contra la pared,
una caja que desparrama colores, las ventanas y los espejos que reflejan
las miradas perplejas de las modelos, que no son otra cosa que los ojos
del pintor buscándose a sí mismo.
Loly
lñiguez llega al collage después de buscar con tintas
y ceras en ese caso medio centenar de miniaturas previas.
La
miniatura recoge un tiempo: es la recreación de la mirada en
lo pequeño, porque «no siempre se está en disposición
de ver todo el paisaje». Sin embargo, las pequeñas obras
nos descubren mundos completos y fascinantes. Son trozos de esa visión
detenida, de la reflexión plástica del artista.
Pedro
González hablaba de la pintura cósmica de Loly lñiguez
en su última exposición, y esos términos siguen
hoy vigentes. El cosmos dilatado y exterior de su última obra
se ha transformado en el universo interior de la pintora, más
íntimo y valiente, mejor y más duramente reflexionado.
Todos
los cuadros que hoy nos presenta Loly lñiguez son eslabones de
un proceso de construcción personal.
Las
miniaturas son los primeros fragmentos. Después romperá
sus papeles, sus esquemas, y con ellos levantará muros, paredes
y ventanas.
Poco
a poco llegará al estudio, «la sacristía»,
ese lugar sagrado de los artistas. El sitio de los ritos, de la preparación,
de la meditación...
Loly
lñiguez pinta en su estudio otros estudios, otros pintores, otros
lienzos y otras modelos. Y los reproduce paso a paso, recortando, pegando
y pintando cada pequeño trozo. Y busca en cada momento el color
y la forma
exacta.
Es
un ciclo interminable en el que todo se repite y todo se renueva, un
ciclo de destrucción y construcción. La pintura no tiene
tiempo. El artista se busca siempre a sí mismo: nace,
muere y renace, se repite y vuelve a crear. Construye con realismo su
propio yo.
Carmen
Gloria Calero