AUTOPSIA VISCERAL
para un catálogo
Por esperanza Cifuentes
1996
Ha de morir el artista:
Se pudrirá y resucitará,
levantando el templo de sus vísceras; alzando el tímpano en la sacralizada
oreja del puro antepasado, el que perdido en los vericuetos de su asolada
sangre, abrió la puerta del laberinto. ¿Fue la izquierda o la derecha?
La espiral carece de referencias espaciales; como la caracola recoge
el mar, el círculo concéntrico envuelve el universo: Deviene espejo
sideral donde el hombre toma su medida y esparce las perlas del ensueño:
Menina de combada falda; Margarita en miriñaque apresado por la infinitud
de Velázquez: virginal puerta entre los reyes reflectados y la claridad
que rasga el fondo. Arco de triunfo dando sombra a los juegos infantiles:
la miríada roja de corazones celulares; tupida red para cobijo del afecto
pariéndose como último fruto en los nenúfares marinos rayados por infrarrojos
barrotes de un deseo que traspasa mallas de sol hilado…Cae la perla
en su torbellino rojo absorbente y el vinagre de la individuación la
disuelve, arrastrando el collar de perro sujeto al amo. Hay una láctea
marea desbordando marcos, tomando patentes libertarias: pelota rodante
sobre tábula blanda, que, desdoblándose, boquea y capta la idea en su
cristalino continente: La imaginación; retráctil órgano; lengua de culebra
omnívora, lista para emerger sus victoriosos y pétreos dedos en el múltiple
océano de la piara de neuronas corriendo locas hacia el lecho de Ofelia,
en el “ser o no ser” con que apresa Hamlet: tiburón de los túneles malditos.
Amor que asienta en ese haz de fibras retorcidas, con su sístole y diástole
intolerantes.
Ya está el cerebro
sobre la encimera de la cocina. Hay que apresarlo en la maleta sobre
baldosa nívea, y dar un puñetazo omnisciente en la pared celadora, para
que entre por ella la red del universo.
Loli Iñiguez, su Arte
Vive.
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