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Esperanza Cifuentes García de la Barrera, nace en Madrid. Se ubica en Canarias a partir de 1971. A mediados de los ochenta divide su residencia entre Madrid y Santa Cruz de Tenerife . Finalmente se afinca en Madrid en 1987 donde fallece en el año 2002.

Poseedora de varios premios literarios.

"Alguien soñó hacer de la concreción, espíritu; del arte, sacerdocio; del residual peso, alma trascendente"

Esperanza Cifuentes

Esperanza Cifuentes

Esperanza Cifuentes (Madrid 1988)

Fotografía Loli Iñiguez

 

 

AUTOPSIA VISCERAL para un catálogo

Por esperanza Cifuentes 1996

Ha de morir el artista:

Se pudrirá y resucitará, levantando el templo de sus vísceras; alzando el tímpano en la sacralizada oreja del puro antepasado, el que perdido en los vericuetos de su asolada sangre, abrió la puerta del laberinto. ¿Fue la izquierda o la derecha? La espiral carece de referencias espaciales; como la caracola recoge el mar, el círculo concéntrico envuelve el universo: Deviene espejo sideral donde el hombre toma su medida y esparce las perlas del ensueño: Menina de combada falda; Margarita en miriñaque apresado por la infinitud de Velázquez: virginal puerta entre los reyes reflectados y la claridad que rasga el fondo. Arco de triunfo dando sombra a los juegos infantiles: la miríada roja de corazones celulares; tupida red para cobijo del afecto pariéndose como último fruto en los nenúfares marinos rayados por infrarrojos barrotes de un deseo que traspasa mallas de sol hilado…Cae la perla en su torbellino rojo absorbente y el vinagre de la individuación la disuelve, arrastrando el collar de perro sujeto al amo. Hay una láctea marea desbordando marcos, tomando patentes libertarias: pelota rodante sobre tábula blanda, que, desdoblándose, boquea y capta la idea en su cristalino continente: La imaginación; retráctil órgano; lengua de culebra omnívora, lista para emerger sus victoriosos y pétreos dedos en el múltiple océano de la piara de neuronas corriendo locas hacia el lecho de Ofelia, en el “ser o no ser” con que apresa Hamlet: tiburón de los túneles malditos. Amor que asienta en ese haz de fibras retorcidas, con su sístole y diástole intolerantes.

Ya está el cerebro sobre la encimera de la cocina. Hay que apresarlo en la maleta sobre baldosa nívea, y dar un puñetazo omnisciente en la pared celadora, para que entre por ella la red del universo.

Loli Iñiguez, su Arte Vive.

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